25 septiembre 2005

Maestro y aprendiz

Releyendo un blog que inicié hace tiempo y que ha sido de lo más irregular y escaso, me he encontrado con este texto que no quiero perder y que considero que aquí está mucho mejor; al fin y al cabo, el tema tiene mucho que ver con lo que escribo aquí.

Hace unos días recordaba una frase que en su momento escribí (con aquellas ínfulas de los 18 años en los que pretendes redefinir el mundo con cuatro poemas y tres frases rimbombantes). Escribí "Quiero ser aprendiz de todo donde nadie quiere saber nada". Hoy en día, y dada mi profesión, prefiero redefinirla.

Quiero ser aprendiz de todo y maestro de nada.

En serio, me encanta aprender. Y creo que cada día es una nueva oportunidad de descubrir algo nuevo, distinto, maravilloso. Afortunadamente, tengo 27 bichos que me ayudan a ello, permitiéndome ser consciente a diario de qué poco sé. Ser "el maestro", tal y como lo entendían cuando yo era estudiante, parece que te otorgaba una especie de posición de cuasi-divinidad, a la que iban aparejadas la infalibilidad, la omnisciencia y, sin duda, la moral absoluta. Yo intento que mis alumnos nunca me vean así. Quiero que vean que me equivoco, lo reconozco y pido perdón por ello. ¿Cómo si no voy a enseñarles a asumir los errores y rectificarlos? Quiero que vean que ni sé ni pretendo saber todo lo que existe en este enorme mundo, pero que me encanta intentar aprender cada día un poquito más. ¿Cómo si no puedo transmitirles el cariño y el interés por el conocimiento? Y sobre todo, quiero que vean que no me atrevo a juzgar a los demás con facilidad (aunque a veces me pueda el prejuicio o la presión del entorno), sino que intento conocer cuanto más mejor sobre la persona o situación en concreto para poder hacerme una idea propia. ¿Cómo si no voy a enseñarles a ser solidarios?

En definitiva, no me gusta que me vean como EL MAESTRO, sino quizás como otro aprendiz de ser humano con algo más de experiencia que ellos (y que por esa experiencia es por lo que se atreve a intentar ayudarles en su camino hacia nuevas fronteras, en su formación).

Alguna vez me han criticado compañeros míos de profesión por actitudes como ésta. Dicen que con ella pierdo el principio de autoridad, el respeto necesario a nuestra profesión. Creo que se equivocan. Se puede decir muchas cosas de mis bichos, pero nunca que no me respeten o que pongan en duda mi autoridad. La mayoría de las veces, me basta una mirada seria o contar lentamente de 5 a 0 con los dedos de una mano para conseguir el silencio en clase o para frenar a un chico que está alborotando en exceso. Creo, sinceramente, que ellos comprenden y aceptan que hay límites entre nosotros, que es una especie de pacto tácito. Yo les ayudo a aprender. Ellos me enseñan a diario. Y entre todos, superamos un temario que no siempre nos gusta o parece interesante, pero que es con el que nos obligan a trabajar.

Creo en el afecto y la comprensión como cuna del respeto y base de la autoridad, no en el miedo al castigo y la represión.

Si vemos la palabra maestro tal y como se consideraba hasta hace poco (aquel que lo sabe todo y por ello está capacitado para enseñar) es cuando creo que se puede entender mi afirmación de unas cuantas líneas atrás:

Quiero ser aprendiz de todo y maestro de nada

4 comentarios:

Joaquim dijo...

Les persones som com la fruita. M'apunto en aquesta predisposició d'aprenentatge permanent ,un xic verds i anar madurant....perquè sino, ...com la fruita, si pensem que ja som madurs, que ja ho sabem tot...només ens queda una cosa....com la fruita : PODRIR-NOS !
M'apunto el blog y bendita sea la inspiración.
Salutacions

Victoria dijo...

Por pura casualidad acabo de entrar en tu blog..y leyendo Maestro y aprendiz, me identifico totalmente con lo que escribes.Yo también creo que no se puede enseñar sin el ejemplo. Los alumnos conocen muy bien los límites que poseen y saben respetar. Animo con tu blog..Me parece muy interesante.Yo llevo 30 años en la enseñanza y he sido siempre de tu misma opinión.Saludos

Luis Ricardo dijo...

Estoy de acuerdo con su posición, lamentablemente, no es la postura de la mayoría de los profesores, por lo menos en el centro educativo en el que trabajo-un colegio cooperativo de Lima,Perú-, y menos de los coordinadores,quienes catalogan como un buen profesor al que mantiene callados a sus alumnos, escuchando las lecciones que les dictan.Los profesores que establecen una comunicación horizontal y afectuosa con sus alumnos no son bien vistos. Ojalá que sus artículos sean leídos por muchos profesores y favorezcan un cambio en los estilos de enseñanza.

Anónimo dijo...

Comparto contigo esta visión de la enseñanza y añado que, las criaturas, además de ayudarnos a aprender cada día algo más, nos dan lecciones continuamente de inocencia, transparencia y buena fe, cosa que en el mundo adulto desafortunadamente escasea.

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